6 de septiembre de 2020

Carratraca


Es un pueblo por el que había pasado muchas veces por su lado pero sin entrar en él. Además, una me contó hace más de diez años que su exnovio era de allí; otra que le habían contado que se comía muy bien en el restaurante, mas nunca llegamos a ir, etc. Y resulta que en esta ocasión mi amiga Teresa y yo buscábamos plan navideño y decidimos tirar para allá.

Las calles son superestrechas, sobre todo para los coches. Después de maniobras y esperas por bloqueos entre unos y otros aparcamos más o menos por donde entramos. Paseando por la que parecía ser la plaza principal, en la que se había producido el colapso anterior, era muy tranquila y típica de pueblo. Acostumbrado a la chusma de la capital, me llevé una grata sorpresa cuando quienes parecían ser de la misma calaña terminaron siendo la mar de educados y amables. Nos acercamos a un chaval de poco más de veinte años para preguntarle por el tan famoso restaurante y nos respondió detalladamente e incluso nos acompañó unos pasos

En este caso teníamos una escalera hacia abajo (Carratraca está en una ladera), una gran barra en forma de L y la puerta de entrada al salón principal. A pesar de ser fin de semana, teníamos mesa reservada y en las primeras horas del almuerzo. La comida, en verdad, no se salía de la ya de por sí estupenda comida malagueña y andaluza. Y allí estuvimos comiendo mientras charlábamos y reíamos. Cuando terminamos, fuimos a investigar tras la puerta de donde salía y entraba gente con cierta frecuencia.

Se trataba de una tranquila y estupenda terraza para echar la sobremesa tomándose un café, infusión (o cerveza como hace la mayoría) bajo el relajante y adormecedor sol navideño. De todas formas, nosotros no nos sentamos, sino que disfrutamos un rato de las vistas del pueblo y las montañas de alrededor para después irnos del establecimiento. Queríamos aprovechar que Carratraca es pequeño para darle una vueltecita, encontrándonos, entre otras cosas, la sencilla Iglesia de Nuestra Señora de la Salud.

Pasamos por la calle de abajo de donde almorzamos, a la que daba la citada terraza. Se nos ocurrió volver a subir para tomarnos algo y lo hicimos por donde parecía ser la entrada baja. Nos quedamos sorprendidos al atravesarla pues, antes de las escaleras y su singular cartel, había como un taller o almacén de muebles y decoraciones antiguas. Lo aprovechamos para hacer una sesión de fotos y, entre una cosa y otra, echamos todo el rato allí. Después de eso dimos un paseo por las cuestas cercanas al ayuntamiento (Casa de Trinidad Grund) y cogimos el coche de regreso.

Fotografías:
https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157712329522257

Página web:
http://www.alvaromartinfotografia.com