25 de agosto de 2020

Atenas (2)

Ya con la panza llena comenzamos entre escaparates de pequeñas esculturas hasta aparecer en una de las grades avenidas del centro, dando de frente con el recinto del Templo de Zeus Olímpico u Olumpieion. Lo fuimos rodeando y mirando a través del vallado, cruzando y entrando por un lateral del Jardín Nacional de Atenas (Ethnikós Kípos), un extenso parque histórico con plantas autóctonas y exóticas, restos arqueológicos y una biblioteca infantil.

El Záppeion es un gran palacio de congresos donde celebrar reuniones y ceremonias, tanto públicas como privadas. El patio interior es circular, estando muy limpio y cuidado. La parte de atrás del edificio es más salvaje, con curiosidades como una gran roca rodeada de agua para que convivan decenas de tortugas o galápagos bien apelotonados, pérgolas para sentarse a leer bajo la sombra de plantas colgantes y árboles de gran altura con estilo malgache.

Después de un buen rato por parques y jardines hicimos una pausa para tomar el postre tardío o la merienda temprana. A la hora de elegir no hubo duda alguna, haciéndonos con un par de los típicos yogures griegos cubiertos de nueces partidas, uvas cortadas y miel. Nos levantamos para callejear y aparecer en la avenida Akadimias y estuvimos fotografiando bonitos e imponentes edificios como la Academia de Arquitectura Theohpil von Hansen (arquitecto danés muy conocido por sus trabajos en Atenas y Viena), el Edificio Central de la Universidad de Atenas y la Biblioteca Nacional de Atenas (ésta, si no me equivoco, presidida por una estatua del mismo Theofilus).

Comenzaba la zona más urbana o, a pesar de los pesares, diré "urban" para que se entienda mejor. Esto quiere decir que iba apareciendo un entorno con toque original y alternativo, dando ejemplo de ello locales de comida rápida con típicas y cuidadas Vespas como decoración entre las mesas o un pequeño teatro o cine con terrzada en la que tomarse una copa de pie a la entrada. Pero conforme avanzábamos y llegábamos a la Plaza Omonia (Plaza de la Concordia) lo urbano se convertía en gueto. Quioscos con revistas pornográficas, pintadas por las paredes a favor de la inmigración ilegal y puticlubes variados. Y, efectivamente, los dueños de la zona son moros y negros hablando en círculos cerrados o echados en las paredes mirándoteen de soslayo.

Dimos un giro de ciento treinta y cinco grados para encarar la calle Eolou y comenzar a caminar por ella, dejando a nuestra derecha la Plaza Kotzia. Por lo visto, hace poco era un centro de manipulación de droga (no me extraña con los "welcome refugees" a los que le acabábamos de dar esquinazo) y decidideron hacer un aparcamiento en él. Pero descubrieron unos restos arqueológicos y terminando renovando toda la plaza, teniendo ahora un aire más que decente. A la izquierda estaba el Banco Nacional de Grecia.

Y a partir de ahí reaparecía lo alternativo con bares y restaurantes con decoración "underground" (o, más bien, "underumbrella", como ya vi en Estambul), tiendas de arte de estilo "vintage", tiendas con sus persianas grafiteadas con gusto (las vimos porque ya era sábado por la tarde), las típicas fachadas de locales abandonados forradas de carteles de conciertos en barecillos, etc. La gente charlaba en las terrazas cubiertas de bonitos árboles mediterráneos y entre iglesias salpicadas.

Atravesamos la céntrica y concurrida calle Ermou por la que comenzamos el día para hacer una parada en la Plaza de Mitrópolis y disfrutar, tanto de los exteriores como de los interiores, de la catedral conocida por el mismo nombre (aunque realmente se llama de la Anunciación de Santa María). Se acercaba la noche del sábado y, si por la mañana había vagabundos y abueletes, ahora había una gran mayoría de jóvenes universitarios para acá y para allá. Ya estábamos de nuevo en la Plaza Syntagma donde empezamos el día y, tras hacerle unas fotografías al Consejo de los Helenos o Parlamento de Grecia, cogimos el metro de vuelta al aeropuerto.

Se terminaba un maravilloso viaje, rápida y estupendamente organizado, en el que recorrimos San Petersburgo, Moscú (con viaje nocturno en el Flecha Roja y concierto de Bon Jovi incluidos) y Atenas en seis días de una forma estupenda, disfrutando sin pausa pero sin prisa de decenas de barrios, monumentos, comidas, paisajes, charlas, paseos y mucho más.

Fotografías:
https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157712548972097

Página web:
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24 de agosto de 2020

Atenas (1)




Entre el concierto y su posterior/estresante aventura moscovita, necesitábamos claramente una recarga de energía, haciéndola de cabezada en cabezada en el avión. De todas formas, no fue mucho tiempo porque aterrizamos en el aeropuerto Eleftherios Venizelos (nombre de quien fue siete veces primer ministro de Grecia) a primeras horas de la mañana. Tomamos un tren hasta el centro de la metrópolis y nos sentamos en la importante y animada Plaza Syntagma (Plaza de la Constitución) para desayunar.

Bueno, lo de animada como tal fue por la tarde, de entrada lo que abundan son personas durmiendo sobre cartones. Tomamos la sí que burbujeante calle Ermou, aparentemente la principal del centro, una parte de la ciudad más que reconocible por ser casi la única no cuadriculada. A lo largo de ella se combinaban las típicas y limpias franquicias con locales cerrados, carteleados y grafiteados.

A medio camino está Panaguia Kapnikarea, una muy pequeña iglesia ortodoxa de arquitectura bizantina que parece ser de las más antiguas de Atenas. Entre callejones ramificados, quioscos de prensa y puestecillos de comida terminamos saliendo por la izquierda. Un simple giro que nos llevó a mas silencio entre gatos que miraban de soslayo y abuelos viendo el tránsito desde sus terrazas. Pasamos las tiendas más familiares y subimos monte para empezar a divisar entre olivos el Templo de Erecteión. Los puestecillos eran ahora de bonitos y sencillos dibujos de los alrededores colgados de alambres cual papel fotográfico en el revelado.

Llegamos a un mirador desde el que sorprenderse porque, si bien la población de la ciudad no destaca respecto a la media europea, su tremenda extensión hasta el infinito sí que lo hace. Estaba presidido por la famosa Acrópolis de Atenas. No teníamos la intención de invertir nuestro tiempo y dinero en visitarla, menos aún con la masificación turística. La rodeamos y, aparte de negros ilegales con trabajos igualmente ilegales, había tinglados con las bufandas del Parathinaikos y Olympiacos.

Pero lo que llamaba la atención, quizá solamente a mí, era un hombre mayor con pelambrera abandonada, sentado justo en la sombra de unos árboles y rodeado de cartones. El más llamativo y visible ponía las palabras "Brain Tumor" acompañadas de imágenes del cerebro y un circulito marcando donde, supuestamente, lo tenía. Me acerqué a él para sustituir sus gritos agoreros a los cuatro vientos por una conversación más personal conmigo. Compartimos vivencias en común y me despedí amablemente sin, si no recuerdo mal, dejarle un duro.

Ya por el lado contrario y paralelo respecto a Ermou caminamos por Dionysiou Areopagitou, una calle de bonita peatonalización y florecidas casas que terminaba en unos de los barrios más nombrados por las guías turísticas; Plaka. Me recordó a Uskudar, la parte asiática de la relativamente cercana Estambul. Pero rápidamente pasamos por delante de lo que parecía sólo una panadería, mas también tenía opciones para almorzar en la terraza, y nos pedimos las típicas y riquísimas musacas para recordar que estábamos en Atenas. Es lo que ocurre cuando te duermes en Rusia y te despiertas en Grecia...

Fotografías:
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