16 de abril de 2020

Moscú (6)













Que la Catedral de Cristo Salvador actual no tenga más de veinte años no le resta un ápice de magestuosidad y atracción; qué menos con las tecnologías de ahora. La combinación de sus paredes blancas y sus torres doradas la hacen limpia y preciosa. Pero, más allá de su exterior, y por mas viajes que hago, no termino de pillar las reglas del poder o no hacer fotografías en museos, catedrales, etc. Casi convencido de que es un producto de la aleatoria estupidez humana, resumiré lo que primero se me vino a los ojos: el hermoso fresco de la cúpula, sus más de diez portales y el original iconostasio.

A diferencia de la catedral original, y elujubrando que aprovechando el hueco de la enorme piscina que hubo entre la existencia temporal de la una y la otra, la catedral nueva tiene un sótano. En él está la Iglesia de la Transfiguración del Señor. Se accede por una estrecha escalera que no recuerdo si de caracol, pero sí curvada. No me viene a la cabeza ninguna otra catedral o iglesia con otra bajo la misma. Quizá me suena una cripta o similar en Edimburgo...


Detrás de Cristo Salvador hay un puente peatonal y de acero llamado Patriarshiy, que cruza el río Moscova y el canal Vodootvodny, atravesando la isla que hay entre ambos. Este segundo tramo es el que cruzamos el día anterior, y, respecto al primero, nos paramos echados en la barandilla para disfrutar del relativamente cercano Kremlin. Como era nuestro próximo destino, bajamos por unas escaleras semioculas para caminar en parapelo y en sentido contrario al río hasta plantarnos frente a una de las torres puntiagudas de las turbias y misteriosas instalaciones; Puerta Borovitsky.


Empezamos a recorrer el Jardín de Alexander con las murallas del Kremlin a la derecha y estuvimos tanteando para entrar en el Museo de la Armería, pero terminamos por desistir dado el tiempo que nos quedaba; sólo entramos a echarle un ojo a la tienda. También nos paramos y sentamos en la acera para tomarnos otro de los típicos helados de los puestecillos de por allí. Nos encontramos con la Tumba del Soldado Desconocido y un par de soldados firmes a cada lado, tras la cual se encuentra una larga losa de granito rojo dividida en 33 partes, representando cada una de ellas a las ciudades de la gloria militar.

Comimos en el sótano de una más que decente hamburguesería de la calle Kuznetskiy, frente al centro comercial Tsum. Cruzamos entre Ferrari y Maserati hasta la Plaza de la Revolución para tomar el metro en la estación de Teatral'naya y despedirnos del Moscú. Del centro, claro, porque todavía quedaba una gran tarde/noche...

Fotografías:
https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157708972376852

Página web:
http://www.alvaromartinfotografia.com




2 de abril de 2020

Moscú (5)

La Biblioteca Nacional Rusa de San Petersburgo no la llegamos a ver, con lo que la Biblioteca del Estado Ruso de Moscú no nos la podíamos perder. A pesar de que Dostoyevsky nos recibió con simpatía y amabilidad, yo, tanto antes como después del viaje, continúo más afín a Tolstói. Contra aquellos que nos gobiernan y La muerte de Ivan Ilich me han encantaron respectivamente.

El día estaba muy soleado y la luz entraba a borbotones por los ventanales. Eso no impedía que las enormes lámparas dejaran de lucir colgando y enganchadas de trabajados techos y marmoleadas columnas; todas encendidas. Tras la seguridad, comenzamos a subir tremendas escalinatas con lectores y estudiantes a ambos lados.


Fuimos atravesando y descubriendo entre grandes y ordenadas estanterías de madera y tambaleantes y saturados estantes metálicos. Las típicas pantallas bibliotecarias verdes que recubren las bombillas de luz anaranjada, una por cada mesa de los muchos universitarios que había, me recordó a la estupenda película de Los ríos de color púrpura y me recordó que la segunda parte me queda por ver.

Y un rayo de lógica y explicación brotaba al pasar de la calle Mokhovaya a la Volkhonka entre cuesta abajo, obras y un cruce de grafitis por las paredes exteriores de los edificios y presidido por Vladímir el Grande con su enorme cruz. Y es que, lo que de entrada creíamos que era una facultad, resultó siendo el Museo Pushkin, el más grande de Rusia tras el Hermitage.


Cuando terminan los edificios de la acera contraria y aparece de repente un monumento de tamaña envergadura como la Catedral de Cristo Salvador (o Redentor) te quedas boquiabierto. Y es que, dentro de las ortodoxas, es la más alta del mundo con sus 103 metros.

Fue construida en el siglo XIX pero, tras la llamada "revolución" de los socialcomunistas de la URSS, y a lo que también se dedicaban en los tiempos previos a la Guerra Civil Española, la demolieron entre fusilamiento y fusilamiento. Se supone que era para construir el denominado Palacio de los Sóviets, pero éste nunca fue levantado.

Fotografías:
https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157708972376852

Página web:
http://www.alvaromartinfotografia.com