28 de febrero de 2020

San Petersburgo (5)



El Puente del Palacio es el más icónico de la ciudad, sobre todo cuando se abre para el paso de los grandes barcos. Nosotros lo que hicimos fue caminar sobre él para cruzar el Río Nevá hasta la Isla Vassiltievsky. Dejamos a nuestra izquierda el Museo Zoológico y el Museo Central Naval (no viendo ninguno entre horarios y obras), y a la derecha un pequeño mirador.

Al poco cruzamos otro puente (traduzcámolo como "Puente del Intercambio") hasta la Isla de Petrogradosky. Unos pasos más allá había un barco antiguo y amarrado, reformado para restaurante y... ¿gimnasio? No hay dos sin tres y, por fin, terminamos en la Isla de Záyachi a través de un pequeño y cuidado puente de madera. Fuimos rodeando las murallas de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo hasta dar con la entrada. Al oeste de la catedra, y por lo tanto también de la isla, se situa el Bastión Trubetskoy. Era el edificio principal de cuando todo el recinto funcionaba como cárcel.

El interior de la catedral, en comparación con muchas otras visitadas, no es espectacularmente curiosa. Pero sí que lo es lo que hay bajo ella; todos los zares enterrados. En las dos paredes de un pasillo había textos, imágenes y un árbol genealógico. En Rusia, como en la mayoría de los países, respetan su historia, sin habérseles ocurrido desenterrar ni trasladar cadáveres en helicóptero y con mala leche. Una vez fuera de la catedral y mientras Lola y yo le echábamos un ojo a unos carteles que había al aire libre, sí que nos pasó por encima (tampoco podía ser por otro lado) un enorme helicóptero, porque parecía haber una base militar al otro lado del Estrecho de Kronverkoky; en realidad, un canal.

Resulta que la Isla Záyachy significa Isla de los Conejos, quedándose Lola fotografiando una graciosa escultura de ellos. Yo, mientras tanto, anduve esta vez hacia el este de la fortaleza, salí de ella, la bordeé por sus arenas para, entrar por donde llegamos, y dar con Lola un buen rato después. Una vez juntos, cruzamos hacia la más que transitada Avenida Kameenstrovsky (otro de esos nombres que se me olvidan nada más leerlos).

La Mezquita de San Petersburgo siempre aparece sola e iluminada; resplandeciente. Pero, como suele ocurrir y termino diciendo, cuando te plantas en persona delante del monumento, pues... Es precioso, de eso no hay duda, pero había personas de cháchara en la puerta, un coche en doble fila y estaba muy nublado. La típica fotografía con chica de espalda subiendo los escalones, como que no. Quedémonos con que hemos visto la, hasta principios del siglo XX, la mezquita más grande y alta del mundo.

Terminamos la más que completa jornada merendando pasteles e infusiones en la cadena CoffeeShop Company, disfrutando de la calefacción y el silecion (quizá demasiado este último) y mirando la estación de metro de Gorkovskaya (dedicada al escritor Máximo Gorki), muy llamativa por su forma de platillo volante e iluminación.

Y fue por donde nos fuimos a las profundidades (bajo tierra y agua) para perdernos como nos ocurría siempre. No importa la seguridad con la que nos metiéramos en el vagón, que cuando salíamos a las frías calles petersburguesas nos teníamos que dar la vuelta. Por suerte y con el tiempo, todo pasó de risa a chachondeo. ¡Qué si no!

Fotografías:
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