9 de febrero de 2020

San Petersburgo (3)

Lo citado con anterioridad era sólo la guinda del pastel, ¡y menuda guinda y menudo pastel! Éste último es la Plaza del Museo (ya se podrían haber currado un poco más el nombre); semicircular, enorme y presidida por la Columna de Alejandro. Toda la parte curvada contraria al Hermitage es el Edificio del Estado Mayor.

Entre las dos alas hay un arco de triunfo conmemorando la victoria rusa sobre Napoleón tras la invasión de éste, usando para ello una llamativa escultura de un hombre (del que reconozco desconocer su identidad) con caballos a ambos lados. Por ahí se puede llegar a la parte ya final de la Avenida Nevsky atravesando el pasaje Bolshaya Norskaya. Pero no lo hicimos. Era 26 de Mayo, el día previo a la Fiesta Mayor de San Petersburgo, y estaban provando los equipos con una música celestial. He estado mucho tiempo buscando por Internet el concierto del día siguiente, pero nada. Suerte que Lola tiene un pequeño fragmento de las pruebas subido a Instagram.

Paramos a comer en Shaurma, justo en el comienzo de la Avenida Nevsky. A pesar de su sospechoso nombre no sólo había shawarmas, teniendo opciones de platos caseros. La que estaba en la caja me recordó a una camarera de Budapest en cuanto a pechos operados y rayos UVA, pero esta rusa era desagradable. De todas formas, volvimos los demas días por la localización.

Lo siguiente fue el parque donde se encuentra el edificio del almirantazgo, centro de diseño/construcción de barcos y con mucha influencia de Pedro I. Como tantos puntos de la ciudad, es Patrimonio Historico de la UNESCO y aparece en libros de, por ejemplo, Vladimir Nabokov. Entre hombres practicando esgrima y niños correteando dimos con el Caballero de Bronce, una escultura ecuestre de Pedro el Grande. Ésto lo acabo de descubrir, pues en vivo nos pareció Catalina la Grande a Lola y a mí.

Todavia en el mismo parque y entre las ramas de los árboles se podía entrever la esplendorosa cúpula de la Catedral de San Isaac. Creo que fue por la hora, pero terminamos por no subir, arrepintiéndonos de no haberlo intentado de nuevo, porque tenían que verse unas vistas alucinantes. Estuvimos observando una sesión fotográfica de boda en exteriores.

Pasamos por  uno de los lados del Monumento a Nicolás I (último, y asesinado junto a su familia por los comunistas, zar de Rusia) y cruzamos el Río Moika a través del Puente Azul. Sencillo pero precioso. Fuimos por la parte sur del cauce disfrutando de los bonitos y cuidados edificios del otro lado, alternando vivos colores entre ellos. El siguiente puente, como constaba escrito en el edificio de una de las cuatro esquinas del rectángulo, era el Au Pont Rouge. Sí, no me preguntéis por qué, pero estaba en francés. O, sí, ¡preguntádmelo, sí!

Y tras vueltas y vueltas aparecimos una vez más en la Avenida Nevsky, columna vertebral de San Petersburgo y razón por la que la nombro regularmente. La vida no era la de las cinco de la madrugada cuando bajamos, sino ahora con todas las tiendas abiertas y masas a las que esquivar. Una vez llegados al hotel, Lola y yo echamos una siesta y algo más. Aún por la tarde, pero con la luz absolutamente nocturna, nos acercamos a cenar a la rotonda de la estación; restaurante/bufet Stolovaya.

Fotografías:
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Página web:
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