26 de enero de 2020

San Petersburgo (1)

Entre que si te iba a dar una sopresa, que si entonces para qué me lo dices, que si es que no sabía como hacerlo, que si entonces lo hago yo que sí sé, que si entonces no es una sorpresa, que si me da igual, que si bla, bla, bla... ¡Nos vamos a ver a Bon Jovi a Rusia! Extremismo puro; si no quedan entradas en el sitio más cercano (Madrid) pues nos vamos al más lejano (Moscú). Además, ya lo vi hará quince años en lo que se llamaba La Peineta. Billetes de avión, reservas de hotel, entradas para el concierto, visados, seguros médicos y... ¡despegamos!

Pero es que también lo vi en Barcelona unos pocos años después y allí es donde me encontraba un rato después haciendo unas horas de transbordo. No quería volver a pisar Cataluña para no dejar ni un sólo euro allí. No sólo porque ya le damos demasiado, sino porque a casi la mitad, ni agua. ¡Me sentiría el raro entre tanto Gurb! Me paré a pensar que los aeropuertos son zona neutral y, una vez más calmado mi patriotismo y horas de lectura, me puse a disfrutar de la Torre Collserola y del Templo del Tibidabo en la lejanía.

Ya aterrizados en el aeropuero de San Petersburgo nos enteramos de que la conexión autobús-metro entraría en funcionamiento en más de una hora, con lo que nos decantamos por un taxi. Entre el aeropuerto y lo que se podía ir considerando ciudad había unas afueras desoladoras. Grandes terrenos descampados por aquí y grupos de tres o cuatro edificios de más de veinte o treinta plantas por allá. Los cruces vacíos y los semáforos aburridos. Todo desierto y nosotros entre la soñolencia y la radio ininteligible de fondo.

Conforme íbamos entrando en San Petersburgo como tal empezaban a aparecer el orden, las calles y avenidas más señoriales y nuestro semioculto hotel. Éste era pequeño pero más que decente, con la pega de que nada más que había chinos acudiendo en tiempos cronometrados a  la  máquina de café e infusiones, pareciendo ser su único interés. La ciudad continuaba como deshabitada y con un frío terrible a pesar de ser (o parecer) de día. ¿Qué pasa? ¿Este es el esplendor de la famosa San Petersburgo? Pues sí, pero a las cinco de la madrugada que eran. Es lo que tienen las altas (o bajas) latitudes...

El hotel estaba cerca de la estación de tren, y dirigiéndonos hacia la rotonda/plaza en la que se encuentra pasamos por al lado de otro hotel llamado VOX. Cuando conoces a la persona con la que vas no hace falta más que señalar el cartel y emitir una ligera sonrisa para picarla telepáticamente. En la Plaza del Levantamiento, plagada de banderas rusas (¡pero qué fachas!) dejamos a un lado la curiosa estación de metro del mismo nombre para encarar la Avenida Nevsky, la principal de San Petersburgo y también con telas de los mismos tres colores cruzándola hasta el final (¡pero qué refachas!).

Lo poco abierto que nos íbamos encontrando avenida abajo era algún que otro antro del que salían jóvenes tambaleantes y vociferantes, más allá de vagabundos acurrucados. En vista del decrépito ambiente nos metimos en un extrañamente abierto y lógicamente vacío Starbucks para desayunar, envenenarnos y entrar en calor, ya que empezaba a ponerme en modo varsoviano.

El refrigerio nos permitió ir haciendo paradas para fotografiar detalles curiosos o disfrutar escaparates interesantes, porque estos turísticos de allí tenían su gracia con las conocidas "matrioshkas" y bonitos juguetes/adornos tales como los autómatas. Me vinieron a la mente libros como Las Luces de Septiembre y videojuegos como Syberia (su nombre ya le da cierta relación).

Fotografías:
https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157711918114252

Página web:
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