7 de julio de 2019

Viñales (1)

Una de las noches en La Habana nos fuimos después de cenar al Hotel el Tejadillo, donde por un precio módico te daban una hora de wifi junto con una infusión. Muy amables los empleados y muy acogedor el ambiente, más aún lloviendo como estaba. Y, como quedaba cerca de nuestra casa de Airbnb, es donde elegimos para que nos recogiera el autobús para la escapada. No me gustan los viajes organizados, pero en esta ocasión era por practicidad.

El autobús era de los que se ven por toda la ciudad, no sé si del gobierno o dependientes del mismo. Fue muy puntual y cuando nos montamos estaba vacío. Pero resulta que era el primer punto de recogida y estuvimos más de una hora de hotel en hotel recogiendo sobre todo a españoles, italianos y sudamericanos.

Bueno, nos lo tomamos como el típico autobús turístico de todas las ciudades. Llevó también un tiempo salir de la metrópolis, pero una vez fuera ya era todo campo, embalses y plantaciones con casas diseminadass por aquí y por allá. Todo el tiempo con la guía explicando e informando sobre cada uno de los lugares que íbamos a ir visitando; en español e italiano si no recuerdo mal.

Después de atravesar la provincia de Artemisa, nombre que me trae muchos recuerdos de mi adolescencia, entramos en la de Pinar del Río y, concretamente, en el municipio de Viñales. Es aquí donde pasamos el resto de la jornada, en el Valle de Viñales y, a su vez, en la Sierra de los Órganos; un nombre que me encanta.

El Mirador de los Jazmines fue nuestra primera parada. Un hotel tranquilo y con piscina, a la izquierda de una enorme terraza desde la que disfrutar de unas vistas espectaculares, todo lleno de los famosos mogotes. Había un grupo dd música que, si bien no suele gustarme la parafernalia turística, allí venía como anillo al dedo.

Otro rato de autobús hasta el Mural de la Prehistoria, una enorme pintura de 120 x 80 metros hecha por Leovigildo González Morillo de forma directa y con pincel sobre la roca del mogote Pita. Quizá en las fotografías no se valoran las dimensiones reales, pero cuando uno lo compara con los caballos que pastan por abajo sí que lo entiende. Lógico que hicieran falta más de cinco años para terminarlo. No quisiera pasar por alto al simpático abuelete que tiraba de los bueyes e intentaba ligarse a mi amiga Cinthia.

Fotografías:
www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157678768097568

Página web:
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