3 de mayo de 2019

Huelva (1)


















La entrada por la carretera nacional N-442 es entre el gris metálico de las torres industriales y el verde de la vegetación de las lagunas. Cruzamos el puente sobre la unión del Tinto y el Odiel e hicimos una parada en el Monumento a la Fe Descubridora, muy grande e imponente, y vallado por la celebración de una temática que cansa y aburre; tanto que no la voy a nombrar.

Dejamos el coche cerca del centro y nos introdujimos en el mismo. Igual que la entrada a través de un puente me recordó a la de Cádiz, la tranquilidad y soledad de las calles me recordó a Almería por más que fuera domingo. Pasamos por un descampado que olía a orina, pero que estaba decorado con enormes cartelones colgando de los edificios y con dibujos icónicos de la ciudad.

La Plaza de las Monjas sí que estaba animada como epicentro urbano que es, con terrazas alrededor de la misma, el Monumento Cristóbal Colón y una exposición sobre socialismo, comunismo y fotógrafos muy repetitivos y vistos. Gente de charla, niños persiguiendo palomas y un sol la mar de agradable.

Nos hicimos con un banco en la cercana y menos concurrida Plaza de Quintero Báez para, entre fiambrera y ensalada de supermercado, apañárnoslas para almorzar entre hambrientos e inocentes gorriones, y terminando con el reciclaje debido. Dejamos a nuestra derecha la sede de RTVE y una academia de portugués, lógica la existencia de esta última a pocos kilómetros del país y me encantaría tenerla en mi ciudad.

Preguntando a un par de mujeres cogidas del brazo terminamos en la Plaza de San Pedro, en la que entre hermandad e iglesia se encontraban los invitados de una boda recién concluida. Pasamos entre ellos hacia un callejón sin salida, pero útil para realizar fotografías. Rodeamos la iglesia y dejamos, esta vez a la izquierda, un edificio abandonado con pinta de mercado de abastos o similar.

Continuamos visitando la ciudad entre tiendas cerradas y escaparates curiosos hasta llegar a la desierta Plaza de la Merced. Es llamativo porque es donde se encuentra la catedral y, un poco detrás de ella, la plaza de toros. También había una facultad lógicamente cerrada un domingo. Preguntando de nuevo nos dirigimos hacia la plaza principal para orientarnos y encontrar el coche, pero dimos con él por el camino.

El puerto de Huelva me recordó al de Málaga una década atrás, con edificios como el de la anterior ubicacón del Aula del Mar o el silo. Barcos de pesca atracados y grandes camiones de mercancías. Echamos un ojo al Muelle de Levante, bares y restaurantes a pocos metros de las aguas del Tinto. Una versión mini de lo de Lisboa en el Tajo. Que conste que estas comparaciones que suelo hacer en las entradas de mis viajes no son para menospreciar, en este caso, a Huelva. Son sólo relaciones y recuerdos que van surgiendo en mi mente.

Fotografías:
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Página web:
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