23 de abril de 2019

El Rocío


















Publicado después pero ocurrido antes, en Pilas cargamos el maletero y los asientos traseros de enseres y alimentos para un regimiento. De camino a Matalascañas y poco antes de la rotonda para El Rocío me surgió de repente visitar la aldea y así lo hicimos. Ni soy religioso ni a estas alturas me gustan las fiestas populares o las aglomeraciones, menos aún tras haberle echado un ojo por YouTube al "salto de la reja"...

Dejamos el coche frente al Charco de la Boca, una laguna con caballos masticando hierba y especies de aves yendo para acá y para allá, relajadas sobre el agua inmóvil o dándose chapuzones en la misma.

No era época de rocieros recién llegados tras atravesar Doñana ensuciándolo y arrasándolo a su paso, sino que sólo había gente de los alrededores tomando vino con su caballo amarrado y turistas  de las cercanías. Entramos en el Santuario de Nuestra Señora del Rocío, de tamaño medio y relativamente tranquilo, y salimos por unos de los laterales. Entre carruajes tirados por burros cruzamos hasta la Capilla Votiva de Nuestra Señora del Rocío. Muy recogida y calmada; la Virgen frente a cientos de velas encendidas y adorándola.

Había grupos  de extranjeros haciendo fotografías con trípodes y grandes objetivos, de esos Canon blancos tan conocidos. Unos jóvenes captando la fachada de la ermita subidos en una escalera plegable y unos simpáticos mayores aprovechando las luces cálidas y los reflejos acuáticos del anochecer.

Dimos una vuelta por las hermandades  de la zona, generando alguna de ellas profundos recuerdos y sentimientos. Los pájaros que abarrotaban la torre nos guiaron a aparecer por el otro lado de la ermita, con la frontal aún más elegante una vez iluminada. Nos montamos en el coche, me tomé de forma tardía mi típico batido (frutas, avena, lino, frutos secos, hierba de trigo y leche de soja) y tiramos para Matalascañas.

Fotografías:
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Página web:
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