12 de abril de 2019

Cancún


















El aeropuerto de Cancún lo he utilizado tres veces tanto para despegues como aterrizajes, aparte de ericapara recibir o despedir personas. Pero Cancún no es sólo su zona hotelera y aeropuerto, sino que es de reciente creación y actual expansión. Es una ciudad sin monumentos o museos de valor y está centrada en el turismo y la construcción/inmobiliaria que este conlleva. Y eso es lo que me atrae, su practicidad a la hora de vivir dadas, entre otras cosas, sus relativamente buenas comunicaciones por tierra, aire y mar. Le veo un sólo problema: su creciente e inquietante inseguridad.

No perdimos el ADO de Fiesta Americana de chiripa a pesar de la mala señalización para uno y la habitual hora pegada al culo de la otra. Echamos las típicas cuatro o cuatro horas y media de viaje viendo la película The Boss Baby y dando cabezadas. Nada más llegar comimos en el pseudorestaurante de al lado para saciar mis ganas locas de probar la riquísima y venenosa versión de la comida china en México.

Estuvo diluviando los dos días que estuvimos en Cancún, con lo que pongan encima de la habitual imagen de orillas suaves y aguas cristalinas la de calles inundadas y charcos por doquier. Una de las razones para ir el día antes del vuelo era para tomar fotografías por la ciudad porque nunca había estado en ella cámara en mano. Pero el clima lo imposivilitaba y echamos la tarde en el hotel escuchando el relajante e incesante goteo en la parte semitechada central de éste.

Escampó y aprovechamos para cruzar por enésima vez la alocada Avenida de Tulun y plantarnos en el Parque de las Palapas. Normalmente, y sobre todo un sábado por la noche como era, está a reventar de gente comprando en los puestecillos de comida, sentados en las mesas de piedras bajo las sombrillas ("palapas" allí) y con música en el escenario. Pero estaba casi todo para nosotros y cenamos huaraches (masa de maíz de forma ovalada con guisos y salsas encima) y tacos. Pasamos la sobremesa en una terraza solitaria del hotel contraponiendo puntos de vista sobre estilo de vida y salud con la cansina música del bar de fondo.

La mañana nos hizo el favor de escampar y fuimos a desayunar unos ricos tamales en el Mercado 23, unas cuantas calles de puestecillos tanto construidos como temporales; tanto con comida como productos varios. En realidad fue una parada imprevista porque el que íbamos buscando era el Mercado 28, en el cual estuve años atrás para una reunión en un estudio de fotografía. Terminamos encontrando este mercado de forma cuadrada en el centro de muchos otros mercados de forma pentagonal e igualmente numerados que lo rodean.

En el Mercado 28 está integrada la llamada Plaza Bonita, teniendo poco destacable aparte de tiendas de regalos y recuerdos turísticos tanto fabricados como hechos a mano. Atravesamos el ahora mucho más soleado y activo Parque de las Palapas para visitar el Parque del Artesano y el Jardín del Arte, dos nombres demasiado parecidos y que pueden quedarse en mi RAM mas no en mi ROM. Lo que sí recuerdo es la alcoholizada y alocada noche acaecida en aquellos lares años atrás. Me despedí de la simpática mujer que en un banco pelaba a su perro y continuamos la marcha.

La Iglesia de Cristo Rey estaba tan abarrotada durante la misa dominical que tuvimos que ir esquivando a los que asistían desde fuera de ella. Tras calcular que sería muy justo de tiempo descansar yendo al cine lo hicimos en una tetería relativamente "chic". Cogimos un taxi para Plaza Las Américas, un mastodóntico centro comercial para repetir y recordar el también venenoso y rico Johnny Rockets. Estaba diluviando y la gente se concentraba en la puerta con miedo a salir. Nosotros aprovechamos la llegada de un taxi y tal y como salían de él entramos nosotros. Muy a lo Crazy Taxi.

La recepcionista del hotel competía con la de Holbox en fealdad, estupidez, bordería y amargura, con lo que nos limitamos a pedirle la maleta y la mochila que estaban tras el mostrador. Hicimos tiempo con el WiFi y haciéndonos con provisiones en el Oxxo. La estación de ADO estaba congestionada y echamos nuestros últimos minutos juntos entre conversar y estar pendientes de las indicaciones de horarios. Nos despedimos entre abrazos y miradas a través de cristaleras, uno para Mérida y otro para el aeropuerto.

Bueno, no sé que decir de México a estas alturas... Desde el encantador pueblo mexicano (más allá de los narcos y asesinos con los que no me he cruzado) hasta las personas concretas que he ido conociendo (más allá de las recepcionistas que he nombrado). Decían que no hay dos sin tres, he confirmado que no hay tres sin cuatro... ¿existe el "no hay cuatro sin cinco"? México DF y Oaxaca me invian a ello cual bellas y dulces sirenas. El tiempo dirá...

Fotografías:
www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157702955145152/page2

Página web:
www.alvaromartinfotografia.com