29 de marzo de 2019

Mérida (3)


















Para aprovechar el tiempo mientras Diana llegaba al centro y siguiendo la ruta de parques me planté en el de San Cristóbal y su entorno típico de iglesia y personas tumbadas o sentadas a la sombra. Era la habitual estampa de estas zonas porque es donde el ayuntamiento tiene instalado WiFi gratuito.

Era domingo y sobremesa, con lo que las calles estaban muy tranquilas y resultaba aún más gustoso el centro de Mérida. Atravesé la Plaza Grande hacia la parte contraria; la noroeste. El Parque de Santiago tiene variables que lo diferencian, como un gran mercado, un pequeño Cinemex y terrazas para tomar café y charlar.

Llegó Diana y juntos continuamos por la misma calle hasta desembocar en el Parque de la Paz, el último de mi ruta de plazas y parques de mi estancia en la ciudad. Se encuentra entre el zoológico y la expenitenciaría, con ambos lugares cerrados o a punto de cerrar.

Más allá de los horarios, el Parque Zoológico del Centenario tiene mucha fama, pero veo absurdo hacer un viaje a la Península de Yucatán para ver a los animales en cautividad. Eso no quita que esté a favor de los zoológicos (siempre que estén bien cuidados) porque el planeta se está yendo a pique. La Expenitenciaría Juárez ya no funciona como tal, sino que ahora se puede visitar un interior que incita a hacer una sesión de fotografía.

Diana me llevó a comer a Las Vigas, un restaurante que jamás hubiera descubierto sin ella porque está más que oculto en la planta alta del hotel Los Arcos. Y es que, aparte de las escapadas que aún están por contar, fui a muchos sitios con ella tanto por el centro como por los alrededores de su casa. En lo primero, además de lo ya contado, al Mercado de Artesanía a comprar una calavera, a Los Trompos a comprar un par de mochilas y a El Hoyo a tomar infusiones. En lo segundo estuvimos, aparte de en su casa con su encantador gato Tsuki, a la enorme Plaza Galería Mérida a comer sushi y a ver peli ("Glass") y a desayunar empanadas con zumo ("jugo" allí) de pepino y limón en Huevos Motuleños y Más.

Nada de no recordar y agradecer a mi amiga Cinthia su compañía y alojamiento, así como la insistencia para que fuera de nuevo a México y reencontrarnos seis o siente años después. Aparte de viajes y escapadas no puedo olvidar las visitas a la casa. Primero citar a la servicial y encantadora madre (me enamoré de la nata ("crema" allí) con chile (pimientos picantes) que trajo un par de veces, y segundo a su padre; un hombre tranquilo y conversador.

Otro día vino un grupo de amigos encabezado por Jade (a la cual ya conocí años atrás) y su prácticamente gracioso y simpático novio italiano. Junto a una madre, su hijo y un gay vinieron a cortar la tarta de reyes, costumbre perdida y cedida en/por España. Si la primera visita fue relativamente corta, en esta también se fueron rápido los tres citados, pero la pareja se quedó hasta tarde con nosotros y las temáticas y conversaciones fueron muy amenas.

Creo haber resumido más o menos mi estancia en Mérida con esta y mis dos entradas anteriores. Por supuesto que conforme veo fotos, hago memoria y escribo me surgen más y más historias, sorpresas y detalles, pero ni el papel, la tinta y menos aún el tiempo son infinitos.

Fotografías:
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