7 de marzo de 2019

Mérida (2)


















Entre semana quedé con una chica llamada Diana para tomar unas cervezas ("chelas" allí) y sus habituales y correspondientes tapas ("botanas" allí) que las suelen acompañar. Fue en El Lucero del Alba donde, entre partidos y pantallones, tuvimos un par de horas de conversación. Más tarde quedé con mi casera y amiga Cinthia para rematar mi vientre lleno en el Hermana República.

Ya en el finde empezamos por donde más o menos lo dejé unos días atrás; desde el Parque Hidalgo. Rodeamos el Parque La Madre para atravesar el reciente y moderno Palacio de la Música. Le sobra cultura a la ciudad, estando cerca los teatros Daniel Ayala, José Peón Contreras y Armando Manzanero entre otros.

Continuando por la calle 60 se llega al Parque de Santa Ana, de plaza grande e iglesia pequeña. Más allá de fachadas de tiendas pintadas a mano y paredes  con grafitis curiosos van quedando sobre todo en la acera izquierda mansiones de cuento o, más bien, de videojuego o cómic, recordándome a la Villa de Vasconcellos de Broken Sword o al Castillo de Moulinsart de Tintín respectivamente.

Tocaba volver hacia el centro por el famoso y paralelo Paseo de Montejo. Como había una maratón al día siguiente el tráfico estaba cortado para los preparativos y pude ver al principio de la avenida el emblemático Monumento a la Patria casi sólo para mí. Como ocurre en otras ciudades, viniéndome a la cabeza la avenida Hassan II de Fez, esta está inspirada en los Campos Elíseos de París. Más mansiones y casas señoriales a ambos lados, ocupadas por terratenientes y ricachones en el pasado y ocupadas hoy en día por bancos (aún más ricachones) y algún que otro museo como el Palacio Cantón.

Pasamos el Monumento a los Montejo y nos metimos en La Negrita, una muy conocida cantina en la que a aquella hora aún había sitio en la barra. Teniendo en cuenta que prácticamente no bebo alcohol, entre dos cervezas Indio y sus tacos y botanas las horas pasaron volando entre historias y risas. Cuando ya nos íbamos los salones interiores eran una locura de gente y música. En el exterior estaba anocheciendo y nos fuimos para la casa.

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