18 de marzo de 2019

Holbox


















Son muchos los años que estuvo mi amiga Cinthia insistiendo para que fuera allí, pues ella iba de vez en cuando y le enamoraba. Recomendé la recomendación a mi mejor amigo, a donde fue con la novia de turno y no salió satisfecho del todo. En fin, quizá debería hacer dejado esto para el final.

Llegamos desde Mérida a Chiquilá de madrugada y nos quedamos en el puerto esperando al primer ferri para cruzar a la isla. Una vez allí fue todo recto por la calle principal sin asfaltar (como todas por suerte) hasta el hotel. No lo reservé yo, y resultó uno típico para yankis ("gringos" allí). La recepcionista nos quería tener horas durmiendo en el exterior aún estando la habitación disponible. En estos casos me pongo en modo serio y seco (no maleducado) y es como la mujer mejoró la operación mas no su horrenda cara y expresión. No recuerdo el nombre, pero en Google Earth aparece un tal Casa Bárbara aparentemente remodelado pero el mismo. No vayáis.

La plaza estaba al lado y en ella había una semicubierta para música o bailes, además de zonas para hacer deporte o descansar (incluso para echarse a dormir). Continuando hacia la playa desayunamos, pidiéndome mis empanadas de turno. Llegamos a la playa y nos encontramos la pintura del hombre con gorro y las típicas letras "HO_BOX" donde la gente se ponía en la L que falta para las fotografías.

Hacia la izquierda, por la orilla y con las chanclas en la mano, alcanzamos los sacos de arena y palos de madera donde muchas variedades de aves disfrutaban del menor número de personas. Fue en la citada plaza donde almorzamos sushi, tanto normal como empanado ("emparedado" allí). Echamos la tarde por el pueblo tomando unas infusiones y viendo americanos por aquí y por allá. Terminamos cenando en el puestecillo Keox Janal y descubriendo unos maravillosos tacos vegetarianos.

La mañana siguiente desayuné en el hotel (porque estaba incluido) y tiré por la orilla derecha entre trabajadores quintando sargazo y turistas (con cierto toque norteuropeo) dándoles de comer a los pájaros. Las playas donde puedes avanzar mar adentro sin que el agua suba más alla de los tobillos me encantan. Eché/aproveché el tiempo con los muchos grafitis del pueblo y terminé cogiendo el ferri de vuelta a la península con el sabor agridulce que me había dejado la isla.

Fotografías:
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Página web:
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