5 de agosto de 2018

Mijas


El tener dos nuevas mascotas tecnológicas coincidiendo con el sexto mesiversario de mi libertad motiva e invita a sacarlas a pasear lo antes posible. Y así fue lo que hice, aunque sin caer en que era el primer viernes de agosto, estando bloqueada con atasco la autovía A7, dándome la vuelta para tomar la del Valle del Guadalhorce y salirme de ella justo antes de convertirse en carretera nacional.

Me gustan mucho las zonas o lugares que llevan en su nombre la palabra "nacional", como carretera, parque, parador, etc. Creo que dan un toque chirriante a los subconscientes podemitas. Eso sí, el Yellowstone National Park con Yogui, Bubu y el Guardabosques es muy gracioso. Eso si las nuevas generaciones saben algo de lo que estoy hablando/escribiendo más allá de escupir mierda en redes sociales. Ese típico "no lo cuento, lo hago" que me hace tanta gracia de Goyo Jiménez no merecería la pena en esta ocasión.

Para rematar con punto y aparte la temática del párrafo anterior, indicar que la carretera comienza en Villafranco de Guadalhorce. Si bien ya había una carretera, esta ha sido puesta en paralelo para mejorar supuestamente la conducción, pero destrozando campo y más campo como está tan de moda desde hace décadas (#ExterminioHumanoYA). De aquí a nada harán nuevas carreteras para ir al quiosco, con carril para quien vaya a comprar el Marca o el As y otro para el Hola o el Diez Minutos.

Fui dejando a ambos lados salidas como las de Coín, Monda o Guaro hasta cruzar Ojén y hacer breve parada en la salida. En verdad lo tenía como destino pero, a pesar de ser un pueblo bonito, pensé en otro que me daría más juego a la hora de hacer fotografías. Es por eso que todo cuesta abajo hacia Marbella, marabunta de rotondas/coches y dirección a Fuengirola para tomar salida hacia Mijas.

Son unas pocas las veces que he estado en este pueblo, recordando una de las primeras de pequeño y flipando con eso de darme un paseo en burro-taxi. Ahora, pasados los años, me lo planteo con cierta comparación respecto a los toros, pues si ambos animales estarían extintos si no fuera por el uso humano, esto no termina de convencerme. Si bien los toros pasan una vida de lujo tumbados en las sombras de encinas y alcornoques  de dehesas andaluzas o extremeñas hasta una más que digna muerte y final alimenticio (comparad con pollos electrocutados, queridos podemitas que quedáis en el McDonald), los burro-taxi no saben de este mundo más allá de asarse bajo uralita a la espera de la vuelta de siempre al pueblo de siempre. En fin, los guiris siguen yendo...

Otra de las veces que fui fue con mi primera novia allá por mi tierna adolescencia y aprovechando el parque donde se encuentran la plaza de toros y el auditorio para besitos y carantoñas (lo que había esta última vez era chusma fumando porros). Y sin esto último, sino como un simple pseudoguía turístico, fue con una china hongkonesa perfectamente sustituible cual ficha de parchís en cuanto a interés por la cultura se refiere con quien pisé Mijas por última vez.

Me sorprendió nada más llegar la existencia de fuentes con agua potable y fresquita, esas que Paco de la Torre quitó de su ciudad hace mil. Muy buenas también las vistas desde la plaza de la Ermita de la Peña como las de toda Mijas en general. Centros comerciales abiertos construidos y pintados en concordancia con lo andaluz. Tiendas de ropa o decoración hechas a mano en vivo y en directo a los ojos del paseante. Placitas y pequeñas intersecciones con bares y restaurantes donde sólo oír los chorros de las fuentes.

Por suerte, a pesar de ser habitual para turistas y guiris, la espectacular cascada de casas blancas que cae por el monte mantiene lo típico y autóctono. Perros echando la siesta en el escalón de la entrada, puertas abiertas y cortinas de tiras (me recuerda a Chocholá y a las similitudes con México), voces de abuelas y programas de sobremesa.

Dejando a un lado los cabreantes sueldos de políticos, policías y barrenderos de este tipo de pueblos, así como informáticos sin carrera colocados a dedo por ser "hijos de", Mijas me parece encantador, que no ha cambiado demasiado su esencia a lo largo de los años. Si bien no para vivir por la cercanía del Amusement Park en que se ha convertido toda la Costa del Sol (me ha surgido en inglés por venirme a la cabeza Fatal Fury), sí para visitarlo de vez en cuando con cualquier excusa e incluso sin ella.

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