13 de noviembre de 2017

Oslo (3)














Me gusta visitar algún museo o galería en cada ciudad en la que me alojo y, además, el hotel estaba a escasos 700 metros del Museo Nacional de Arte, Arquitectura y Diseño. Hay muy buenas obras, pero no nos engañemos: la mayoría de los visitantes van por El Grito de Edward Munch. Se encuentra en una sala exclusiva para el pintor. La mañana de sábado en la que estuvimos había un pequeño grupo con música clásica. Por cierto, dicho pintor tiene museo propio en otra zona de la ciudad, pero eso, sin su obra más conocida. Aparte del arte como tal, había una sala que invitaba a dibujar, con muchas hojas de papel pegadas con fixo a la pared con la figura de una madre con su hijo, representando la escultura que presidia. Buena la estética del restaurante.

Los Hard Rock tenían el encanto de su exclusividad, pues solían estar en las capitales o grandes ciudades de algunos países, pero ahora empiezan a ser comunes por más lugares por su expansión capitalista, casi a lo McDonald´s. A pesar de eso, la comida continúa sana y rica. Más allá de la Original Legendary Burguer, el salmón (noruego y en Noruega) con bimi es una maravilla. Eso sí, la clavada de 75€ para dos personas duplica el precio de cualquier otro visitado de la cadena, dificultándome la digestión.

Noruega es famosa por los espectaculares fiordos de más al norte, pero no por ello Oslo es despreciable, pues está en un pequeño fiordo salpicado de pequeñas y atractivas islas. Nos sacamos la tarjeta completa, la que permitía visitar todas y, aunque no dio tiempo, incluso tirando algo de dinero, mereció la pena. Fuimos primero a Hovedøya, una de las más grades. Una estupenda sobremesa tirados en la hierba, adormilados bajo un suave sol y con Oslo justo enfrente. Continuamos entre naturaleza y restos de un monasterio hasta llegar al punto inicial y volver a la capital. Recargamos fuerza en uno de los "food tracks" (camiones de comida) y vuelta al embarcadero, esta vez con destino a Gressholmen.

Esta isla tiene forma de U, cuya parte más curvada y que hace unión es realmente estrecha. Al contrario que la anterior, esta isla estaba desierta, con caminos menos marcados y caminando bosque a través. Llegamos al último punto cuando empezaba a anochecer, con lo que tuvimos que despedirnos del velero que nos atraía cual sirenas en la cuarta prueba, haciendo una vuelta a paso ligero por miedo a la falta de luz, un poco al estilo Depredador. ¿He nombrado tranquilidad y buenas vistas? Pues aún más. Los barcos no sólo llevan a turistas, sino que también son el único medio de transporte para los residentes de las aisladas islas (semiredundancia al canto). Lo representaba una mujer bajándose en una de ellas, con pocas luces y casas salpicadas en la oscuridad, con una bolsa en cada mano rellenas de frutas y verduras traídas de la ciudad. En casi absoluto silencio, con el único ruido del motor, nos acercábamos al nocturno y oslense "skyline".

Ya cité un par de entradas atrás que el viaje de vuelta iba a ser movidito. Un ligero error de 15 minutos desencadenó caos. De entrada perdimos el autobús que salía de la hora correcta, haciéndonos desembocar en la estación de tren a comprar billetes de tal medio. Recalculando tiempo, volvimos minutos después para devolverlos y recibir un tocho de billetes (esta vez de valor económico) y comprar, ahora en la estación de autobús, la siguiente salida, sobrándonos dinero de poco uso en España y cruzando los dedos. De nuevo la puntualidad escandinava  fue exacta, a pesar de tráfico, semáforos y varias paradas. Ahora bien, llegamos al aeropuerto a la misma hora del despegue. El control de seguridad me hacía hervir la sangre, pues no podía pasarlo. El código habitual de la maleta había cambiado y no se podía abrir como pedían. Por fin la pasaron por segunda vez por el escáner, que por lo visto era posible... Atravesamos a la carrera todas las estancias (yo tuve que hacerlo dos veces), llegando al embarque justo cuando lo estaban cerrando y acoplándonos a los últimos pasajeros que subían al santificado Ryanair, esa compañía que incluye retrasos en el mismo precio. ¡Para que luego digan que lo cobran todo!

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