8 de noviembre de 2017

Oslo (2)














El tiempo en esta vida es un recurso limitado y escaso, teniendo todos que elegir opciones y tomar decisiones constantemente, más aún en un viaje. Teníamos delante la entrada a la península de Bygdøy y, a pesar  de tener varias actividades y atracciones, decidimos girar a la izquierda (a la derecha mirando el mapa) para, tras el correspondiente descanso, caminar en paralelo al puerto deportivo. Tiene una autovía a cercana, pero aún así es tranquilo y silencioso, con el Palacio de Oscarshall surgiendo entre frondosas arboledas y el bonito edificio Kongen Marina en primer plano y al final de un embarcadero, recordándome al Santa Mónica Pier de Los Ángeles (bueno, con cierta objetividad no se parece en nada).

El paseo terminaba en un chiringuito de copas y aperitivos, con las mesas sobre arena de playa puesta allí "in espresso" y jarras de agua en la barra para sedientos viajeros como nosotros. Tras ello, cruzamos un puente sobre la citada autovía para evitar el puerto industrial y sus almacenes, introduciéndonos en un barrio nada rimbombante u ostentoso, de familias y no más. Me llamaron la atención aceras en las que todos los coches eran eléctricos y conectados a los sus correspondientes enchufes. Llegada ahora por el otro lateral al Palacio Real para una pausa.

La marca de helados que conocemos en España como Frigo cambia de nombre en casi todos los países que voy visitando. Y aquí no iba a ser menos, llamándose Hening Olson, con cambio incluso de logo. Ups, no, menos mal que me ha dado por confirmarlo, cosa que no ha sido posible. Se trata de una copia barata (es mi deducción) con logo, colores y tipo de letra de gran parecido, pues Frigo en los tres países escandinavos se denomina GB Glace. Y continuando con el tema de nombres de negocios, citar también un café/teatro llamado Chat Noir, que en París tiene cierto atractivo pero no por todo el mundo. En fin, cruzado las vías de los tranvías ("Rima, y juega felíz"), y continuando con mi habitual búsqueda de similitudes, aparecimos en el Muelle Uno de Oslo con un lateral muy Puerto Banús, encontrándonos de frente con el edificio del Premio Nobel de la Paz (sí, parece que Noruega tiene cierta participación en el tema).

El sol comenzaba a despedirse de nosotros, y quisimos aprovechar los últimos rayos atravesando el pequeño parque que precede a la entrada de la Fortaleza Akershus, lugar y momento donde parejas y no parejas disfrutan del anochecer entra gaviotas y cañones. Por cierto, los servicios de plástico y quitipon estaban putrefactos, no sé si por la guarrería de los turistas o por la supuesta (y decepcionante) pulcritud noruega.

Ya sabemos que cuanto más al norte antes cierran los negocios. Aún así, caminando por calles céntricas pero desérticas, me llamó la atención un restaurante de apariencia cara y antigua repleto de una engalanada tercera edad. También la celebración de la apertura o algún cambio significativo en una glamurosa tienda de... ¿café? No sé si no me acuerdo o nunca lo llegué a saber. No me constan imágenes en mi memoria, ni en la cerebral ni en la digital.

Por cierto, habíamos dejado atrás el Museo de Defensa, presidiendo la entrada un tanque. Me hice una fotografía con él, orgulloso de mis conocimientos adquiridos antaño para reconocerlo como un T42 soviético. Pero no, poco me duró la ilusión. Mi padre me paró en seco nada más volver. Era un M48 norteamericano.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157685262907822

Página web -> http://www.alvaromartinfotografia.com