20 de mayo de 2016

Évora














La otra vez que fui al país vecino pasé por Sevilla, bajé hacia el sur por la autovía del V Centeranio, cruzando el Guadiana y parando a desayunar en Tavira. En esta ocasión he subido desde Sevilla por la autovía de la Ruta de la Plata, pasando por Badajoz y haciendo descanso en Évora. En ambos casos, por supuesto, saliendo de Málaga.

Es un pueblo reconocido como uno de los más antiguos de Europa, con muchos restos y construcciones correspondientes a distintas épocas de la historia. Pueblerinos y turistas caminan por callejones de casas blancas con moho en sus fachadas, un entorno con aire entre andaluz y gallego. Esta zona de lo que era Lusitania tiene mucho bosque, lo que hace disfrutar de unas buenas vistas desde algunos puntos del centro.

He de reconocer que llegaba con grandes expectativas, habiendo cambiado la ruta hacia Lisboa, en parte, sólo para visitar Évora. No es que se le puedan poner pegas especialmente concretas y definidas, pues en general es un pueblo bonito, pero no da para más de una hora. El ya nombrado parecido andaluz y la modernización (que no restauración) de mucho mobiliario urbano y acerado me han hecho salir de allí con un ".

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