6 de abril de 2016

Las ferias



En la feria de bodas ya había participado en todas las de tres años para acá. La primera vez puse un estand cutre, pero conociendo compañeros relacionados con la temática y cogiendo información de aquí y de allá terminé casi en el extremo opuesto, buscando la perfección. Ni una cosa ni otra, y en esta ocasión me he centrado en lo práctico. Además de haber ahorrado tiempo y reducido estrés, he informado aún mejor a las parejas sobre mi estilo fotográfico, las tarifas y demás. Los resultados lo demuestran.

A la feria de vida saludable y sustentable no he ido como expositor sino como visitante. Ya iba avisado pero, como más vale ver que creer, allí me planté. Los estands de temáticas básicas no aportaban nada, muchas cáscaras y pocas nueces (salvo en los "brownies"). Vaya, para entendernos: que el mejor té es el verde y el mejor zumo el de naranja.

En cuanto a los que presentaban supuestas novedades, nada interesante o con sentido, como esa cosa rara que hace luz. Muchas personas entre dulces y bebidas alcohólicas y que luego se iban a hacer cola para conferencias sobre psicología, yoga, etc. Los puestecillos de ropa eran sustentables, pues tenían perchas, pero no saludables. Las tiendas más interesantes ya las conocía y el único descubrimiento que hice fue la cúrcuma troceada en vez de en polvo. En resumen: tres euros a la basura.

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