11 de abril de 2016

París (2)



Los elementos más significativos de los lugares a los que viajo no suelen coincidir con los que más me interesan, y una vuelta alrededor del Arc de Triomphe junto con algunas pocas originales fotografías bastaron para abandonar el primer "checkpoint" del día.

La moda me interesa, ya sea para mi propio día a día como para inspiración e ideas que proyectar en la fotografía. Es igualmente cierto que, cuando el cóctel de lujuria, glamur y patetismo se agita más de la cuenta, la emoción cambia de forma inversamente proporcional. Eso hizo que ignorara ese tipo de establecimientos a lo largo de la Avenue des Champs-Élyseés y me centrara en otros elementos, tanto llamativos como cotidianos.

Realmente espectacular el diseño exterior e interior del Citroën C-42, escaparate y vitrina que conforma el edificio de la marca francesa. Especial atención a un muy cuidado Citroën CS, primer coche en el que me monté en mi tierna infancia. Continué visitando los espacios de Renault y Toyota, la tienda del París Saint-Germain y pequeños centros comerciales como Galerie des Arcades. Giro a la izquierda, me pregunta un italiano desde su coche cómo llegar a la autovía, dejo a la derecha la Place des États-Unis y llego a lo más turístico de París.

Son muchas las veces que me viene a la cabeza la escena de Matrix en la que se cruzan con una mujer de vestido rojo. Esta fue una de las ocasiones, sentado con bocadillo en mano, pies cruzados y piernas colgando. La multitud cuasi desenfrenada y robótica, donde unos ocupaban el metro cuadrado recién dejado por los anteriores, "selfie" y ya están presionando los siguientes. Intentando retraerme de aquel "time-lapse" en vivo y en directo, mirando las amplias vistas, con la Tour Eiffel presidiendo y la Tour Montparnasse intentando hacerse hueco en la postal.

En aquel momento no sabía que tenía detrás el Cimentière de Passy, pues suelen ser bonitos y tranquilos y me hubiera encantado irlo a visitar. En su lugar atravesé los Jardins du Trocadéro, crucé el Sena, pasé bajo la torre y, tocando el edificio del final por mí y todos mis compañeros, intenté ignorar el Mur pour la Paix tras recorrerme el Champ de Mars.

El patio central e L´Invalides es seco, amplio e imponente, rodeado de tanques y cañones. Al igual que el almirante Nelson en la londinense Trafalgar Square es aquí Napoleón quien preside tanto con escultura representativa como con su propia tumba. En países tan democráticos y europeístas  como Francia e Inglaterra son héroes nacionales personajes históricos que masacraron, entre otros, a miles de españoles, tanto militares como civiles. Es curioso que en España no se puedan nombrar ni figuras como Hernán Cortés ni lugares como el Valle de los Caídos, aunque no se tenga la más mínima idea de qué hicieron o representan.

El Pont Alexandre III, el puente más antiguo de la ciudad, da para estar mucho tiempo fotografiando, o simplemente disfrutando, la coincidencia de colores entre los revestimientos de sus farolas con la ya lejana cúpula de la iglesia de Saint-Louis des Invalides. Dejando a la izquierda los inocentemente enfrentados Gran Palais y Petit Palais llegué a la muy anodina Place de la Concorde compensada con un casi indescriptible anochecer.

El Jardin des Tuileries es largo y ancho, desde una común noria hasta la representativa Pyramide du Louvre, comenzando con una librería en una cueva y terminando con una tienda en un contenedor marítimo. Por medio se pueden observar personas paseando o haciendo deporte, alimentando patos en la fuente octogonal o echándole un vistazo al Arc du Carrousel.

Entre soportales y bastidores fui a parar a la Rue de Rivoli, donde se encuentran las franquicias de ropa más comunes y locales de exposiciones de arte moderno, dando con la tolkiniana Tour Saint-Jacques para encarar el Boulevard de Sébastopol hacia el hotel.

Cuando hago mi habituales caminatas por Málaga suelo activar en el móvil el Runtastic Pro para ir guardando en mi historial kilómetros, tiempos, calorías y demás. No lo hice en este caso, pero estoy prácticamente seguro de que fue una de las mayores rutas urbanas de mi vida, una tremenda U sobre el mapa de París. Ducha, cena y a dormir.