8 de abril de 2016

París (1)



El autobús del aeropuerto me dejó en la estación de Porte Maillot y, con la intención de evitar en lo posible más cambios de transportes y transbordos, anduve por la Avenue de la Grande Armée hasta la Place Charles de Gaulle, desde donde pude coger metro directo hasta el hotel, al noreste de París.

Ya nos miramos como quien no quiere la cosa en Beauvais, sabiendo ambos que nos conocíamos pero sin saber de qué. No era tan extraño, pues recién aterrizados desde Málaga era como habernos encontrado en nuestra misma ciudad. Lo que sí es más llamativo fue el volver a encontrármelo en la recepción del hotel hora y media después y en la otra punta de la ciudad. Resultó ser Antonio Campana, un compañero de cuando estudiaba fotografía y vídeo en el IES Jesús Marín.

Quedaba más de una hora para poder entrar en mi habitación, con lo que dejé la maleta y fui a visitar el muy cercano Canal Saint-Martin. En la guía de viaje no me había parecido más que un simple riachuelo pero, una vez allí, me podrían haber dicho que era el Sena y me lo habría creído sin problema. Un muy ancho canal con barcos y restaurantes a los lados hasta estrecharse con una esclusa en obras junto a La Rotonde, un área de esparcimiento donde hay mercadillo cada último día de la semana.

La tarde había que aprovecharla, con lo que bajé por la Rue la Fayette cruzando puente sobre vías de tren y dejando a los lados la Gare du Nord y la Gare de l´Est, dos concurridas estaciones que desembocan en el Boulevard de Magenta. Hacia arriba por una acera y hacia abajo por la contraria, con media vuelta a la altura de la estación de metro de Barbés-Rochechouart. Bien por invención, bien por intuición, la alta concentración de negros y árabes no invitaba a pasear por allí, menos aún cámara en mano.

Los hombres parados en grupo ante oscuros portales y hablando de temas que supongo poco trascendentales. Las mujeres invadían locales donde ponerse pelucas y uñas postizas. Me llamaron la atención y me gustaron las numerosas tiendas de vestidos de novia que había en la avenida. Con precios bajos y más que cutre decoración, lo llamativo de los diseños y la relación con mi trabajo me hicieron parar en muchos de los escaparates. Entré en el mercado de Saint-Quentin, lúgubre y ávido, si no de reformas, de un mayor dinamismo. Suerte tuve de pasar por al lado de un puesto de comida brasileña, onde eles falaban sua lingua enquanto eu escutava e entendia com um sorriso. Terminé apareciendo entre dos arcos: Porte Saint-Martin y el que deduje como Porte Saint-Denis, pues en ellos desembocaban calles de mismo nombre respectivamente.

La Place de la République está flanqueada por edificios parisinos de cierta antigüedad que rodean un acerado de reciente construcción. Hay "skaters" que patinan, valga la redundancia bilingüística, junto a la escultura habitualmente usada por partidos de izquierda y sindicatos. Personas alrededor de flores e imágenes teóricamente conmemorando los cercanos en el tiempo atentados terroristas. El populismo no entra en la temática de mi cuaderno de bitácoras, mas recurro al "tweet" de Arturo Pérez-Reverte tras lo acaecido también en Bruselas: "Los yihadistas deben de estar acojonados por las florecitas, las velitas y nuestro enérgico `todos somos Bruselas´. Y hasta la próxima".

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