25 de diciembre de 2015

Roma (3)














Muy cerca del lugar donde me alojaba estaba la iglesia de San Paolo Dentro le Mura, con lo que aproveché para ver su solitario y colorido interior. Continué pasando por delante del Palazzo del Viminale (sede de un par de ministerios), el Teatro Dell´ Opera y la aún más llamativa basílica de Santa María Maggiore entre edificios y tiendas más de barrio que turísticas, aunque no por ello sin vendedores de souvenirs en sus alrededores.

Atravesé un par de mercadillos hasta la Piazza Vitorio, donde vagabundos se levantan de entre su equipajes a ninguna parte para pedir cigarro/fuego. No terminaba de parecer inseguro del todo, pues había incluso algunas familias sentadas en bancos, pero sí que deprimente. Terminaba con las atracciones y los puestos de una pequeña feria ambulante e inactiva a horas tan tempranas, con sus encargados recién levantados.

Así como el primer día vi el Coliseo al fondo de una imponente avenida, acotada por historia, esta vez la vi al fondo de otra avenida, pero ahora de lo más vulgar e incluso sosa, con algunos bares y tiendas salpicados entre una mayoría de locales cerrados. Entre atascos y cableado de tranvía se dejaba ver lo más representativo de Roma en guías turísticas y postales.

Subí un poco de cuesta para colocarme por la vegetación de la zona del Domus Aurea, intentando tomar fotografías diferentes de tan trillado monumento. De todas formas ya sospechaba (y confirmé por Internet en la vuelta a casa) que eso era misión imposible. Entre la salida de turistas de la estación de metro al más puro estilo Jumanji y las interminables colas, entre el Arco de Tito y el Arco de Constantino, se recorrió la avenida de Celio Vibenna, por la que grupos de monjas trotaban casi evitando ser descubiertas por la muchedumbre.

Lo que a falta de una mínima información y a simple vista puede parecer un descampado resulta ser el Circo Massimo, donde se celebraban carreras de cuadrigas siglos atrás. Hoy en día es una zona de esparcimiento por la que pasear, correr, sacar al perro o tomar el sol. Termina casi en el mismo Puente Palatino, cruzando el cual, y dejando a la derecha la Isla Tiberina, se llega al Trastévere ("detrás del Tíber").

El Trastévere es un barrio tranquilo que, atravesado por la vía del mismo nombre y cuyo centro se puede considerar la basílica de Santa María, ofrece disfrutar de calles adoquinadas, edificios medievales, tiendas de artesanía y restaurantes de estética cuidada, tanto púramente antigua como "vintage". Los casi inexistentes hoy en día cines de una sola sala se mezclan con pequeños teatros y coches sesenteros aparcados por sus aceras. Una zona estupenda para disfrutar del relax, una vida bohemia y nada convencional.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157660682253911

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