4 de septiembre de 2015

Londres (1)



Cuando un amigo/conocido me ofrece alojamiento en una ciudad del extranjero en la que no haya estado no importa qué planes tenga para esa fecha, pues automáticamente los anulo/pospongo y empiezo a buscar vuelo. En esta ocasión fue mi amiga Marian quien, avisándome de que tenía varios mini-trabajos y no siempre podría estar conmigo, me animó a ir.

Esta vez no tenía quien me recogiera en el aeropuerto ni nada parecido, sino que quedé con ella en la estación de metro de Oval. Como ya había ocurrido alguna que otra vez, el viaje en sí (transporte) no fue precisamente la parte más divertida, consistiendo en: metro hasta la estación María Zambrano, cercanías al aeropuerto Málaga-Costa el Sol, vuelo al aeropueto londinense de Stansted, autobús a la estación de Liverpool y dos líneas de metro hasta el lugar de encuentro ya nombrado.

La mañana siguiente me metí en un mercado cercano a la casa, donde había puestos de fruta/verdura/carne fresca, tiendas de comida ecológica y pequeños restaurantes. Creía que en Málaga cada vez hay menos pequeños comercios de productos específios/concretos por la globalización, las cadenas de supermercados, etc. En Londres descubrí que es una tremenda mentira, pues en la ciudad más grande de Europa pude encontrar alrededor del mercado (y durante toda mi estancia en Londres) pequeñas tiendas de este tipo. No sólo peluquerías o librerías, sino también otras más curiosas (sobre todo para mí) como venta de fotografías.

A pesar de que Brixton es sólo un barrio no por ello es pequeño, y para ir a su zona neurálgica hay que coger metro desde Oval hasta la estación que tiene el mismo nombre del barrio. Allí ya empezaban a aparecer cadenas internacionales, aunque lo que de nuevo más me gustó fue un mercadillo, esta vez al aire libre. Tanto en este como en el anterior que visitité había productos e incluso banderas mexicanas.

Por la tarde decidí acercarme al centro por primera vez, apareciendo en la estación de Oxford Circus y comenzando a bajar por la Regent Street, una avenida casi invadida por las típicas franquicias de ropa, tanto las habituales en casi cualquier ciudad como las especiales para sibaritas millonarios. Estaba cubierta por banderas británicas y norteamericanas anunciando un evento de rugby o similar.

Hice continuamente multitud de fotografías (creo que a estas alturas no hace falta que lo diga, es obvio) y atravesé Picadilly Circus y Trafalgar Square. Son dos plazas que, tras haberlas  visto mil veces tanto en libros y revitas como en el Facebook de los Erasmus, me decepcionaron y tomé a mi derecha el arco de The Household Cavalry Museum (Museo de Caballería de la Guardia Real), donde un soldado hacía guardia casi tan inmóvil como una estatua de cera.

Ya anocheciendo me dediqué a hacer fotografías a las ardillas atravesando St. Jame´s Park y darme ya la vuelta en la rotonda (no podía ser de otra forma) frente a Backingham Palace (residencia de la Reina Isabel II). Pasé por al lado de las típicas y decrépitas cabinas londinenes mientras el Big Ben marcaba sobre el Palacio de Westminster (Parlamento de Reino Unido) y casi a mi lado la no recuerdo qué hora en punto.

Dejé a mi izquierda el 10 de Downing Street (residencia oficial del Primer Ministro) mientras pasaban autobuses con publicidad de Mango en los laterales. Giré a la derecha y tomé un descanso en la estación de Charing Cross para cenar comida basura. Ya de vuelta y perdiéndome decenas de veces y consultando el mapa otras tantas (no suelo perderme, pero aquella fue la excepción) descubrí de forma agridulce The Photographer´s Gallery y también los carteles que anunciaban la London Fashion Week, estando la primera ya cerrada y yéndose a celebrar la segunda en fechas en las que yo ya no iba a estar en Londres...

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/albums/72157653970589561

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