11 de mayo de 2015

La ciudad de las ranas

Continúo alternando mis entradas entre hechos relativamente recientes con otros más del pasado. De esta forma, y como hace poco hablé del interior de la catedral de Málaga, hoy voy a viajar en el tiempo al más puro estilo Chrono Trigger para continuar relatando mis tres semanas en México de hace ya bastantes meses.

Tras horas de autobús, necesitaba reponerme y cargar energías, lo cual hice comprando en el puesto que un amable anciano tenía en el típico mercadillo matutino. Medio kilo de sandía y mango, unas frutas perfectamente frescas y peladas, listas para comer con un tenedor de plástico.

Un cartel me indicaba con una flecha que había una "panorámica" en una zona superior a la que me encontraba. Empecé a subir cuestas y escaleras por estrechos callejones, una tranquila zona sólo salpicada por alguna tienda de ultramarinos para la compra de los vecinos. En otoño me vino a la cabeza esta zona cuando paseaba por el pueblo rondeño de Genalguacil.  

Aunque imaginaba una "panorámica" del estilo del Balcón de Europa (Nerja) o el Mirador del Estrecho (Algeciras - Tarifa), resultó ser una calle con el nombre Panorámica, en la que como mirador había que encontrar alguna casa derruida o en construcción para colarse en ella y poder disfrutar de las estupendas vistas de la ciudad. Eso sí, vi muy dudoso el parecido entre los montes que rodean la ciudad y una rana, concepto inventado por los indígenas y nombre que le dieron en su lengua a Guanajuato.

Ya de nuevo de camino al centro, y en contraposición a la recién visitada zona del pseudomirador en las alturas, destaca en Guanajuato la tremenda red de túneles subterráneos de la que dispone, antiguas construcciones de época minera. Hoy en día absorben casi todo el tráfico, dejando una superficie tranquila y de esparcimiento.

Se iniciaba la Cuaresma en ese Miércoles de Cenizas, con lo que mucha gente entraba y salía de las iglesias y animaba aún más el centro de la ciudad. Gente del lugar, turistas, estudiantes, creyentes y demás daban mucha vida a toda la zona.

Me llamó la atención, y reconozco que aún no me he molestado en informarme del por qué, la abundante aparición de la imagen de El Quijote por casi todas partes, desde los escaparates de la tiendas hasta la cartelera de los teatros. Esto, unido a la bandera de España en multitud de lugares, me hizo pensar que se valora a mi país más fuera que dentro de él (reflexión ON).

La tarde se dedicó a un tranquilo a la vez que animado ambiente, atravesando bonitas plazas y callejones, haciendo paradas para tomar papas, infusiones o helados de guanábana (los adoro) o descubriendo montajes de escenarios para actuaciones nocturnas, llegando al Centenario Mercado Hidalgo.

Los mercados de México tienen poco que ver con los de España que, aparte de ser de más reducidas dimensiones, muchos de ellos se están transformando en parte del itinerario turístico. Habiendo visitado años atrás el Mercado Libertad de Guadalajara, mi capacidad de asombro en cuanto al tamaño de un mercado mexicano ha disminuido. Aún así, este de Guanajuato es enorme y la entrada al mismo, diría yo que de un marcado estilo europeo, impresionante. 

Destacar también como construcción el edificio de la Universidad de Guanajuato, cerca de la catedral y de un espectacular estilo medieval (me arriesgo a definirlo así desde mi desconocimiento arquitectónico). Tremenda e imponente escalinata donde atractiva turista estadounidense/canadiense me pidió fotografía con su réflex.

Una maravilla esta visita exprés a Querétaro y Guanajuato, dos ciudades mexicanas que, aparte de compartir muchas de las cosas habituales entre todas las ciudades del país, están hermanadas y tienen en común detalles aún más concretos, todos relacionados con el arte y la cultura.