25 de mayo de 2015

Desembocadura del Guadalhorce














Hacía ya unos veinticinco años desde la última vez que estuve en esta zona y los buenos recuerdos me hicieron elegirla como una ruta para hacer senderismo de unos quince kilómetros entre ida y vuelta. A pesar de haber partido del Unicaja esa misma mañana, no hubo demasiado problema para aparcar el coche en Sacaba Beach y, recorriendo algo de playa entre toallas y sombrillas, mi amiga Teresa y yo comenzamos a andar por el camino del lateral derecho.

Nos cruzábamos con familias y grupos de amigos, viendo cosas tan curiosas como un remolque de bicicleta donde el niño dormía plácidamente mientras sus padres pedaleaban. Mirando hacia la izquierda, en la zona aún más cercana al río, se veían cabezas en movimiento y, supuestamente, con el resto de sus respectivos cuerpos tapados por la baja vegetación. Lo que no pudimos ver fueron el puente peatonal y los observatorios de aves habilitados en el otro brazo del río, por la entrada de Guadalmar.

Cuanto más nos íbamos alejando de la playa menos gente nos íbamos encontrando, y alternábamos nuestra caminata entre donde comenzamos y el ya citado sendero más cercano al río. Entre la autovía y la antigua carretera nacional, a la altura de la Depuradora del Guadalhorce, un hombre leía tranquilamente sentado sobre unas de las rocas mientras sus perros disfrutaban las charcas de alrededor.

Entre conversaciones varias y fotografías a cada paso (no puedo evitarlo), siempre acompañados de cánticos de los pájaros (y también de los aviones aterrizando), dejando el Aeropuerto de Málaga a un lado y el Polígono Guadalhorce al otro, terminamos viendo un gasoducto/oleoducto (tubería de acero) que daba una buena sombra. Decidimos hacer una parada para almorzar, aunque uno de los caballos que allí se hallaban, muy taurino él, nos terminó obligando a comer en un tendido de "sol y sombra".

A la altura de una calle llamada Carretera Chopo, de sólo una ristra de casas adosadas y antiguas, había en el río un par de pequeños saltos donde algunas familias hacían su sobremesa improvisada mientras sus niños se bañaban y se lo pasaban pipa. Cerca de allí, en un área donde el río se hacía más ancho y tranquilo, una caballada se refrescaba en aquel remanso de paz.

Tras pasar por debajo de la hiperronda encontramos una bifurcación, además de un camino sin salida. En el único lugar donde encontramos varias estacas con el logotipo de la Gran Senda de Málaga es precisamente donde no sabíamos por donde había que continuar. En cualquier caso, ya habíamos llegado al punto medio de nuestra ruta, con lo que nos volvimos de camino a la meta.

De regreso nos fuimos encontrando tirados por el suelo paraguas, neumáticos, latas de cerveza e incluso váteres. Aparte de la educación nula de la población malagueña (aunque sería más correcto decir "de la chusma malagueña", pues yo soy malagueño y no actúo igual), es cierto que las instituciones podrían ponerse manos a la obra. Y hablo tanto de la Junta de Andalucía (de quien depende el Paraje Natural Desembocadura del Guadalhorce), como de la Diputación de Málaga (creadora a bombo y platillo de la Gran Senda de Málaga) y el Ayuntamiento de Málaga (en cuyo municipio está el citado paraje). Menos echarse flores y más inversión en vigilancia, vallado, limpieza, reforestación y demás.

Casi llegando a la playa para poner los pies en remojo, nos acercamos a algunas construcciones curiosas, como una pequeña chimenea y un curioso observatorio de piedra junto al mar. Un estupendo día de senderismo con una aún mejor compañía, sólo marcado por la vergüenza que a veces se siente por culpa de algunos que habitan en mi misma ciudad y los pseudopolíticos que los (que no "nos") representan.

Fotografías -> https://www.flickr.com/photos/alvaromartinfotografia/sets/72157650721274283

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