12 de mayo de 2013

De Ardales al castillo de Turón.

El día se presentaba perfecto para dedicarlo a hacer un poco de senderimo por los campos de los alrededores de la ciudad de Málaga. Así que, decididos a ello, nos dirigimos al pueblo de Ardales, a unos 45 minutos de la ciudad.

El recorrido se inicia en el puente de la Molina, de origen romano y que cruza el rio que se llama igual que el castillo, el rio Turón. Aunque a la ida nos perdimos un poco callejeando por el pueblo, a la vuelta descubrimos que el camino más fácil para llegar a dicho puente es, básicamente, girar a la derecha en la rotonda de entrada al pueblo y luego a la izquierda al llegar al final.



Se puede aparcar el coche en la explanada junto al puente e iniciar desde ahí la ruta. La primera parte del recorrido es sobre asfalto, y no se tarda demasiado en empezar a avistar el castillo sobre una lejana montaña.

No hay que recorrer demasiado para que el camino pase a ser ya de tierra, mientras vamos dejando a los lados algunos corrales con cabras y perros pastores que nos ladraban al pasar. Según nos fuimos alejando del pueblo se podían ver unas vistas más bonitas del mismo, con el castillo de La Peña coronándolo y los molinos eólicos asomando por las montañas de detrás.



Tras aproximadamente una hora de camino, ya prácticamente llegamos a los pies de la montaña donde se encuentra el castillo. Antes de hacer la ruta habíamos leido alguna que otra guía o blog sobre ella, pero en ninguna se especificaba claramente como llegar a la cima. Las alternativas eran seguir el camino, a ver si se podía subir rodeándo la montaña, o subir casi en línea recta campo a través. Finalmente, nos decantamos por esta última opción.



Desviándonos por un camino a la derecha, dejamos a un lado un par de casas rurales aprovechamos para refrescarnos un par de bañeras abandonadas en el campo sobre las que iba a desembocar una pequeña cañería de agua fresca.

Aproximadamente cuando llevávamos ya un tercio de la subida, decidimos parar a almorzar bajo la sombra de uno de los pocos árboles medianamente grandes que había, aprovechando para hacer algunas fotos y recuperar fuerzas para la subida final.



A ratos en línea recta, a ratos haciendo zig zag, fuimos adentrándonos entre rocas y zarzas hasta llegar a una zona relativamente plana que había al entrar ya en el castillo.

La fortaleza está casi derruida, quedando únicamente unas cuatro o cinco torres en pie y algunas paredes aisladas. Eso sí, las vistas desde la cima eran alucinantes. A las ya citadas anteriormente  se unian una nueva zona de molinos eólicos, montañas  y la zona de los grandes embalses al fondo. El día era soleado y luminoso, permitiendo ver con claridad y profundidad el bonito paisaje.



Rodeamos la zona alta de la montaña en busca de un camino alternativo para bajar, pero por todos lados no encontrábamos más que casi verticales paredes de roca. Con esto, decidimos hacer una pequeña curva por un lateral, paralelos a una gran zona de cultivo en la que se encontraba un tractor arando, para luego unirnos al mismo trazado que utilizamos en la subida.



Al bajar fuimos fijándonos en los preciosos campos inundados de flores, creando un paisaje multicolor de amarillas margaritas, moradas lavandas y rojas amapolas entre otras muchas especies. Saludamos a nuestro paso a simpáticos pastores que oteaban tranquilos desde las lomas como sus cabras daban buena cuenta de la verde vegetación de la zona.

Durante casi todo el recorrido vamos paralelo al rio, pero es en esta última parte en la que discurre casi pegado al sendero, aprovechando nosotros para volver a refrescarnos. En algunas de las páginas que consultamos daban la opción de hacer toda la vuelta por el mismo rio, pero hace falta un calzado especial que nosotros no llevábamos



Muy agradable y variado día de campo, con tranquilos caminos, empinadas subidas, preciosas vistas y mucha agua en la que refrescarse. Ahora toca buscar nuevas rutas que descubrir en esta preciosa provincia.



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