21 de mayo de 2013

Alrededores del Refugio de Juanar.

La idea inicial era hacer una ruta que parte de los pies del castillo de Monda y termina en la Cueva Santa. El caso es que, tras dar algunas vueltas por el pueblo y preguntar a algún aldeano, no terminamos de encontrar el punto de partida de dicha ruta.

















Decidimos continuar por la carretera Monda - Marbella y, al ver una salida que se adentraba en la montaña, decidimos tomarla. Después de cuatro o cinco kilómetros de carretera serpenteante aparecimos en el Refugio de Juanar. Para mí fue toda una sorpresa, pues es un sitio en el que estuve de muy pequeño y del que guardaba bonitos recuerdos.

















Aparcamos el coche un poco más adelante del propio refugio y comenzamos a andar por el sendero que hay tras la valla que corta el camino a los vehículos. La subida es muy ligera, y al poco de comenzar se llega a una bifurcación con señalización hacia dos miradores, a saber, uno a izquierda y otro al frente.

Nos dirigimos hacia el primero de ellos por un camino estrecho y lleno de pedruscos que terminaba en el Mirador del Corzo, desde el que se ven unas estupendas vistas de Ojén justo abajo, Fuengirola algo más lejos y toda la costa y el mar con un precioso color celeste y turquesa.

















Volvimos sobre nuestros pasos y tomamos el segundo de los caminos, de aproximadamente kilómetro y medio y que llevaba hacia el Mirador del Macho Montés. Por medio escudriñamos algunas zonas de campo a través de alrededor, abriéndonos pasos entre los helechos y demás tupida vegetación.

















Desde el Mirador del Macho Montés se ven otras espectaculares vistas, esta vez de la ciudad de Marbella, mucho más chica desde las alturas de lo que parece cuando se callejea por ella o se bordea por la autovía.

















En los dos miradores que visitamos había sendas estatuas representativas de los animales a los que sus nombres hacen referencia, es decir, de un corzo y una cabra montés. Señálese como curiosidad que este segundo mirador tenía el suelo todo cubierto de arena de playa, sin duda traída por el viento desde la costa.

















A la derecha se podía ver una gran montaña con un marcado sendero desde la parte baja hasta la misma cima. Intuimos que era el Puerto Marbella que habíamos ido leyendo en alguna que otra señalización por el camino. Debe ser parte del conjunto de montañas que se ven desde Marbella, entre la que destaca la de la Concha. Sin duda es una gran tentación realizar esa ruta, con lo que no tardaré mucho en volver a esta zona.

















Ya por el camino de vuelta nos cruzamos algunos grupos de personas de diversa índole. Había un grupo de jóvenes haciendo algún tipo de entrenamiento, marchando a paso ligero con troncos a sus espaldas, varios extranjeros paseando con sus perros y, como no, ruidosos domingueros.

















Para finalizar la jornada dimos buena cuenta de un entrecot con patatas en el Refugio de Juanar. En estas fechas tiene poco que ver con como yo lo recordaba, pues en invierno hace honor a su nombre y es un sitio donde protegerse del enorme frío de la zona al lado de la chimenea. En cualquier caso, el lugar es igualmente bonito, con una cuidada decoración campestre y con muchísimas especies de pájaros merodeando por aquí y por allá.



















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