29 de marzo de 2013

Escapada a Progreso.


En lo que viene siendo mi línea últimamente, procedo a actualizar mi blog con una nueva entrada casi tres meses después de la anterior. No es cuestión de dejadez, sino de que he estado ocupado con otro tipo de actividades, tales como estudiar para exámenes, hacer de guia turístico por Andalucía, poner un estand en una feria de bodas o trabajar como operador de cámara en PTV Telecom durante la Semana Santa.



Pues bien, esta vez toca continuar narrando mis peripecias por México del año pasado, retomándolas por la escapada de un solo día que hice a Progreso, un pueblo costero dedicado al turismo y a la pesca a menos de una hora de la ciudad de Mérida.



El plan inicial era ir en el coche de una amiga, pero éste decidió estropearse cuando aún ni habíamos salido de Mérida. Así que, mientras llegaban para repararlo, me refugié del sol y el calor en un McDonalds, aprovechando para hacer un almuerzo tempranero mientras veía el Alemania - Italia de la Eurocopa 2012 en el móvil (ya se sabe que estos restaurantes tienen Wi-Fi gratuito).




Revelándose como imposible la tarea de volver a la vida al coche, tocó andar bajo el abrasador sol hasta una parada de autobús de las afueras de Mérida, donde ya iniciamos nuestro viaje de algo menos de una hora a la ciudad de Progreso.



Casi nada más salir de la estación de autobuses y llegar al inicio del paseo marítimo, lo primero que llama la atención es el enorme puente sobre el mar que une la costa con las terminal de cruceros y el muelle de carga. Esto no pudo sino recordarme la visita a Fisherman´s Horizon que se hacía en los primeros compases de Final Fantasy VIII (no voy a poner una imagen del juego aquí, buscadla en Google y comparad vosotros mismos).



La primera parte del paseo marítimo es turística aunque tranquila, con extranjeros fotografiándose en la playa y pequeños puestos ambulantes de comida típica, tanto mexicana como yucateca. Ya conforme se va avanzando comienza una parte de la playa menos transitada y que invita al relax.



El camino de vuelta lo hicimos por las calles interiores del pueblo, pudiendo ver colegios, tiendas y típicas viviendas mexicanas. Por último, y ya antes de coger el autobús, paramos en un restaurante con techo de palapa (de ramas de palmera) a la orilla del mar. Me resultó curioso que practicaran en este sitio la típica costumbre granadina de ponerte una tapa con la bebida a modo de aperitivo (botana en México). En este restaurante demostraron ser especialmente generosos, trayendo un buen número de platos con sólo pedir una cerveza (Montejo, la típica de Mérida).



Y aquí termina mi escapada a Progreso, un pequeño y agradable pueblo, cercano a una gran urbe, donde pasar una tarde de mochilero o toda una vida de jubilado.


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