19 de diciembre de 2012

Con Mery en Ronda.
























La última sesión de moda que hice fue en México este verano, con lo que tenía ya unas ganas tremendas de retomar este tipo de fotogafía. Después de un par de bodas este otoño y algunas sesiones de intercambio canceladas, por fin llegó el momento de hacer la primera.

En esta ocasión la modelo fue Mery Guerrero, con quien ya hice una sesión en interiores en su propia casa. Ahora, año y medio después, era el momento de hacerla diferente y mejor, mucho mejor.

En un principio íbamos a pasar la mañana en las ruinas romanas de Acinipo y la tarde en Ronda (ciudad natal de Mery), pero cambiamos los planes sobre la marcha y por la mañana fuimos a la parte baja del Tajo, aprovechando las vistas del puente, la caida de agua, las paredes de piedra y el edificio del Parador Nacional.

Allí, aprovechando los pocos momentos en lo que no había turistas pasando para arriba y para abajo, conseguimos hacer algunas fotos donde modelo y paisaje lucieron estupendamente. Y es que, cuando se conjuntan los elementos adecuados, poco hace falta para obtener un buen resultado.

Como siempre, se fue más tiempo del inicialmente planeado, más aún cuando incluso de vuelta al coche íbamos aprovechando algunos callejones y recovecos del casco antiguo de Ronda para hacer algunas fotos. Por más que intentaba aligerar el paso, siempre terminaba parándome en alguna fuente, plaza o puerta de iglesia para hacer una nueva fotografía. Es lo que tiene Ronda, encuentras algo interesante a cada paso y en cada esquina.

Aún comiendo relativamente rápido, entre el rato del cambio de ropa, el maquillaje, los retoques en el pelo y desplazarnos de nuevo a la parte antigua de la ciudad, se nos fue casi toda la poca luz que dan tardes de invierno como esta. Aún así, conseguimos algunas buenas fotos con la segunda muda de ropa. Un escaparate de juguetería antigua por allí, uno soportales por allá,...

Creo que ya he terminado alguna que otra entrada con estas mismas palabras, pero es la realidad. Una sesión rara vez sale como estaba prevista, y al final casi siempre hay que improvisar en menor o mayor medida. Antes me frustraba con esto, pero ya me he acostumbrado. Ahora uso el que creo que es un buen método para saber si ha merecido la pena, y es preguntarme si las fotos resultantes tienen algo que mejore a las de anteriores sesiones. La respuesta, en este caso, es "sí".



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