4 de junio de 2012

Sin pulsera, por favor.

 

El autobús ADO deja en la estación de la 5ª Avenida, lo que permite encontrarse de golpe con el epicentro, motor y razón de ser de la ciudad. Una auténtica amalgama de tiendas, restaurantes y hoteles, temporales vencedores de la feróz lucha por el metro cuadrado que en ella se libra. Atractiva ratonera, en forma de calle comercial, en la que extranjeros pasean sus divisas al sonido de los cantos de sirena que los insistentes relaciones públicas entonan.

Esta es la Playa del Carmen (o simplemente Playa, como se le conoce) que terminan conociendo los turistas, esos para los que la visita a la 5ª Avenida es considerada excursión pues, al fin y al cabo, es una salida del recinto de su hotel de todo incluído.

Afortunadamente, aquellos que buscamos una experiencia diferente al viajar, no tenemos más que andar unos pocos metros en perpendicular al mar para descubrir una ciudad completamente diferente a ese circo de la 5ª y descubrir lo que realmente México nos puede aportar.

Al ser una ciudad muy joven, se pudo elegir como continente de la misma un entramado de calles cuadriculado, copia de las ciudades estadounidenses, que facilita encontrar un lugar si conocemos su dirección, pero convierte en tarea difícil volver a un lugar si no se conoce la misma, pues todas las calles son prácticamente iguales. Sólo algunas y contadas zonas residenciales, el aeródromo, la plaza del ayuntamiento o la misma playa rompen esa monótona telaraña y ayudan a orientarse.

Los  negocios estrella son, sin duda, puestos de comida mexicana, hostales, lavanderías, minisupermercados, inmobiliarias y centros de estética. Los muchos residentes extranjeros en Playa del Carmen, atraídos por las facilidades de inversión y el excelente clima, le aportan un toque distinto respecto a otras ciudades, dotando a esta de un aire especialmente bohemio y cosmopolita. 

Mucha de esta gente se desplaza en bicicleta por la ciudad, mezcla de las costumbres de las zonas rurales de México con las recientemente importadas por europeos, existiendo incluso un muy utilizado carril bici en la Avenida 10, algo casi inaudito en este país, que apenas da sus primeros pasos en la conservación del medio ambiente y el ecologismo.

Para disfrutar de Playa del Carmen hay que adentrarse más allá de la 10ª Avenida, pasear por las maltrechas aceras disfrutando del bullicio de los negocios familiares, tacos y burritos, ceviches y pozoles, el olor a carne y picante, música que escapa de las tiendas, ofertas en cartulinas de colores, compartir el transporte colectivo con los mexicanos y redescubrir su inquebrantable amabilidad.

Playa del Carmen no es una excusa para salir de tu hotel, es un lugar para vivir... aunque sea unos meses.


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